18 de marzo de 2013

Rosas blancas para Claudia - Carlos Puerto



Claudia ama leer. Prácticamente es ya lo único que ama. Todo lo demás le resulta insoportable, en especial la comida. Desde que está en esa cárcel ha perdido las ganas de todo. Y el libro que Carlos le regaló es lo único que la mantiene en contacto con la realidad. La segunda vez que él la vio, solo encontró en la cama un bulto que poco a poco fue identificando como el de un ser humano en posición fetal. 



Recuerdo que descubrí este libro por casualidad a los 14 años, a raíz de su mención en otro libro que había leído con anterioridad. Al momento, deseé con todas mis fuerzas tenerlo, ya que estaba pasando por una etapa de mi vida en la que sabía que me iba a ver muy identificada con la historia  y la protagonista de esta novela. 

Efectivamente, así fue. Este libro me hizo cambiar el concepto que yo tenía sobre esta enfermedad y todo lo que se esconde detrás de ella. Marcó un punto de inflexión en mí y me ayudó a abrir los ojos ante una realidad que yo no quería ver: en esta enfermedad, tú eres tu único enemigo, por lo que tú eres el único que puede luchar contra ella.

Claudia, la protagonista de la historia, es una chica como otra cualquiera: joven, estudiante, inteligente, con una familia normal... pero está absolutamente descontenta con su cuerpo, el cual ve como una figura totalmente distorsionada cada vez que el espejo le devuelve su reflejo.

Su rechazo hacia su físico llega a un punto en el que los padres de Claudia se ven obligados a internarla en un centro especializado para casos de anorexia.  A la protagonista ya no le importa absolutamente nada, solo quiere adelgazar, adelgazar para ser perfecta y no preocuparse de nada más. 

Un día, Carlos, escritor, recibe la llamada inesperada de Gloria, la madre de Claudia, la cual le pide que vaya a ver a su hija al hospital donde está interna. Desde que Carlos le regaló a Claudia su libro Rosas blancas para Schubert, se convierte en su libro de cabecera y no se separa de él, ya que Claudia siente mucho interés por la música clásica y adora tocar y escuchar el piano. Cuando Carlos acude al hospital a verla, sólo encuentra en la cama un pequeño bulto, el cual, a medida que se aproxima, distingue como una persona menuda encogida en posición fetal. Para animarla, Carlos le promete a Claudia que, cuando salga del hospital, viaje con él a Viena para visitar juntos la tumba del compositor romántico y dejarle un ramo de rosas blancas. 

De este modo, Claudia se motiva y empieza el viaje hacia las 1500 calorías. Lo que no cuenta es que, una vez conseguidas esas 1500 calorías, el médico le subirá de golpe a 2500, objetivo que no conseguirá y hará que se suma de nuevo en un pozo sin fondo.

La siguiente vez que Carlos acude a verla, la ve mucho más deprimida tras perder la batalla contra las 2500 calorías. Vuelve a sentirse sin ganas de hablar, de ver a nadie... incluso pierde la ilusión por el viaje a Viena. 

Finalmente, con el único deseo de conseguir el permiso de fin de semana en el hospital y poder estar en casa, Claudia consigue el objetivo de las 2500 calorías. El libro termina con una emocionante carta de la protagonista, en la que expresa de manera plena todos sus sentimientos acerca de su situación.

En resumen, es un libro algo duro, pero lo recomiendo encarecidamente a todo el mundo, para que pueda ver una perspectiva mucho más cercana del entorno que rodea a esta enfermedad y a quien la sufre. Como le pasó a Claudia con Rosas blancas para Schubert, este se ha convertido en mi libro de cabecera.

Soy mucho más benévola que Alicia con las calificaciones que asigno a los libros, así que ahí va la mía para este:




 




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Copyright Ana y Alicia. Reseñando libros desde el 9 de marzo de 2013. Con la tecnología de Blogger.

Odinia

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Futura reina del mundo, lectora y compradora compulsiva, niña perdida, aprendiz de artista, chica disney y loca de los gatos.

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